domingo, 26 de junio de 2016

PERIODISMO FICCIÓN

Periodista: Buenas noches, bienvenido a nuestro programa.
Político: Buenas noches.
Periodista: Antes de empezar con la entrevista, déjeme que le enseñe este vídeo.

(El vídeo muestra una recopilación de declaraciones durante la campaña del político X en la que afirma hasta en veinte ocasiones que no pactará con el partido de la oposición)

Periodista: Sr. X, a raíz del pacto que acaba de firmar con la oposición y, viendo lo que dijo reiteradamente durante la campaña, ¿qué motivos nos deja para creer en las promesas que haga a partir de hoy?
Político: (Nervioso) Bueno, mire nuestro partido tiene vocación de servicio al país y en estos momentos el país necesita un gobierno sólido.  
Periodista: (Firme) No me ha respondido a la pregunta. Insisto. ¿Qué le quiere decir a las personas que le votaron pensando en que nunca pactaría con la oposición? 
Político: (Tenso) Les diría que a veces la política supone tomar decisiones que van en contra de los intereses particulares. 
Periodista: Déjeme que le enseñe otro vídeo.

(El vídeo vuelve a enseñar declaraciones de X en materia de educación, economía, salud y política social que nunca se llegaron a cumplir)

Periodista: Sr. X, a la vista de lo que acabamos de ver, parece que sus promesas no tienen ninguna credibilidad. 
Político: (Muy tenso) Le repito que nuestra principal preocupación es sacar adelante este país y haremos todo lo que sea necesario para conseguir ese objetivo. Y si me deja un poco de tiempo, le explicaré como pensamos llevar a cabo nuestro plan. 
Periodista: (Implacable) No, no le voy a dejar tiempo a explicarse porque sus palabras, mientras no me de una razón válida, carecen de credibilidad.
Político: (Enojado) ¿Me está llamando mentiroso?
Periodista: Le estoy llamando tramposo. 
Político: (Muy enojado) Sra. Y, le ruego que mida sus palabras y rectifique de inmediato.  
Periodista: (Seria) Sr X, Vd. no puede exigir algo que es incapaz de hacer por sí mismo.
Político: Todo esto me parece un despropósito. Ciertamente, no sé porqué me ha llamado. 
Periodista: Le hemos llamado para que explique a nuestra audiencia el por qué de sus constantes engaños. 
Político: Ya se lo he explicado. La política es así.
Periodista: No, Sr X, no se equivoque. La política no es así. La política no se basa en el embuste. La política es una cosa muy seria y muy honesta. Es Vd. y su partido los que han estado mintiendo al pueblo con promesas vacías de contenido para alcanzar el poder. 
Político: (Fuera de sí) Retire sus insinuaciones, Sra. Y, de lo contrario…
Periodista: … ¿de lo contrario qué, Sr. X? ¿Me está amenazando?
Político: (Controlando los nervios) Mire Sra. Y, yo he venido a hablar de mi programa de gobierno y Vd. no me da la oportunidad de hacerlo; por tanto, no tiene mucho sentido seguir con la entrevista. 
Periodista: (Implacable) Vd. lo acaba de decir, Sr. X, esto es una entrevista y, por más que le pese, en este espacio el que hace las preguntas soy yo. Por mucho que le sorprenda, Sr. X, a nosotros nos gusta ofrecer la verdad a nuestra audiencia, cosa que, como ha quedado sobradamente demostrado, no parece que sea su prioridad. Con lo cual, sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Vd. en que no tiene sentido continuar con esta pantomima. Que tenga muy buenas noches.

Político: (Levantándose airado de la mesa) Buenas noches.

sábado, 11 de junio de 2016

FUCK VUELING

El avión llega a la una de la madrugada. Ya es sábado. El pasaje desaloja la nave con un rebote monumental abonado por un retraso de dos horas y una inexplicable ausencia de explicaciones. Vueling nos acaba de secuestrar en el aeropuerto de la capital con prepotencia y alevosía. Estoy exhausto. Llevo más de veinte horas sentado y mi mente solo piensa en aguantar el siguiente minuto. La piel de mi coxis sufre aterrorizada ante la amenaza de la llaga. Entran dos empleados de Aena para sacarme de ahí. «Su silla no está disponible, la iremos a buscar a la cinta de recogida de equipaje.» —me dice uno de ellos con acento argentino. El cansancio que acumulo retrasa la aparición del cabreo. Le digo que esa silla forma parte de mi cuerpo y que no puedo salir amputado del avión. El buen hombre me explica que los recortes han afectado los servicios de handling que operan de madrugada y que la bodega de nuestra aeronave tardará en vaciarse. 

Estoy tan agotado que ni acierto a cagarme en la puta que parió al capitalismo ni, peor, me niego a abandonar el avión sin mi ‘equipaje de culo’. La tripulación se encoge de hombros y se ensancha de sonrisas y permite ese ultraje a mis derechos fundamentales. Tienen tantas ganas de llegar a sus casas que les importa un comino lo que le ocurra a mi salud. Llegamos a la cinta y esperamos. Diez minutos. Quince minutos. Respiro hacia fuera mi agotamiento. Media hora. Tres cuartos de hora. Durante el impasse, me entero por boca del porteño que el comandante hubiera podido ejercer su poder para abrir las compuertas de la nave y ordenar la entrega de mi silla. Una hora. Una hora y cuarto. La cinta se pone en marcha y aparece a lo lejos mi asiento. El taxi hace muchos euros que me espera en la parada.

Vueling, ya van dos. Creo que es hora de empezar a AVEriguar otras alternativas.

jueves, 2 de junio de 2016

EL VIEJO SEMPITERNO

Eladio es un ser muy vivido que mira a ratos y habita en un porte desgarbado de profesor universitario. En sus discursos utiliza un verbo añejo y mordaz que mueve la conciencia de quienes lo escuchan. De vez en cuando, más de vez que de cuando, se manda a callar para hablarse y reflexionarse, y es en esos silencios donde se puede escuchar a gritos su atormentada bondad. Sí, Eladio rezuma desolación porque atesora un invento que puede salvar millones de vidas y que no ha visto la luz porque los únicos que se han interesado por él son una pandilla de tecnócratas insensibles que sólo piensan en seguir alimentando la avaricia que ha roto el saco de la decencia humana. «Y a estos, ni agua.» —se queja.

Tras una comida más que agradable, detuve el café para proponerle un contacto de la administración que sugería muchas esperanzas. Eladio cogió un poco de distancia y trató de camuflar su emoción detrás de unos cristales tintados. Quizá esa era la última oportunidad para convertir su idea en realidad. 


Su llanto me dejó mudo. Roto y lacio. Y así llevo unos cuantos días, disuelto entre las lágrimas de un científico con una sensibilidad y generosidad tan sublimes que elevan al infinito la esperanza en la humanidad. 

viernes, 27 de mayo de 2016

ADICTO A LA EGOÍNA

Hola cielo, 

¿Estás bien? Ayer me dejaste pasmado con tus ideas estrafalarias acerca del proyecto que quieres iniciar. ¿Quién te has creído que eres? ¿Dónde te piensas que vas? Desde que te tomas esas pastillas que te veo muy cambiada, muy rara. Ya no escuchas mis sabios consejos. 

No, siento decirlo, aún no esta preparada para volar sola. Sigues con tus niñerías de siempre y mereces que te siga custodiando. Hazme caso. Sólo tienes que mirar atrás y bucear en tus ingresos en el psiquiátrico. Aún te queda mucho por aprender de mi maestría y mi talante. Te lo he dicho mil veces, eres una inmadura y como tal te voy a tratar. Hasta que aprendas.

Sabes que no hay nadie en este planeta que te quiera como yo. Es tal el amor que te profeso que hasta que no te vea brillar como yo no te soltaré. 


Siempre tuyo, 
Orlando 



P.O. Dedico este post a las miles de mujeres que sufren algún tipo de maltrato o abuso. 

jueves, 26 de mayo de 2016

MIENTO LUEGO EXISTO

Hace varios años, cuando aún era un púber en esto del coaching, vino a mi consulta una mujer que estaba desquiciada con la vida y a un tris de darse por perdida. Su tono de voz era monótono, muy monótono y tardaba una eternidad en explicarse. Me contó que llevaba siete meses separada, después de descubrir una farsa descomunal. 

A raíz de una llamada del banco, empezó a tirar de un hilo que le permitió desenmascarar diez anos de mentiras maritales. Y no me refiero a la clásica vida de amantes. No. Estoy hablando de una suplantación patológica de la identidad. Es decir, un tío que se inventó el trabajo, las deudas y hasta el historial clínico. Todo, absolutamente todo lo que le habla contado a su mujer, era un embuste, una falacia. Puro papel mojado. 

La mujer tardó dos anos en reunir las pruebas y acumular fuerzas para revelar la verdadera identidad del impostor. Pero justo unos días antes de acorralarlo, el tipo se esfumó como un fantasma. 

Acabé la sesión ofreciéndole un par de nombres de psicoterapeutas, sabedor que esta mujer tardaría unas cuantas vidas en volver a confiar en otra persona. 

martes, 24 de mayo de 2016

AMPUTACIÓN

Andrés nació albino y se crió en una familia rural que veía en su pelo blanco y su corta vista la señal de una maldición. En la escuela aprendió a aprender sin mostrar su discapacidad visual. Aprobó el graduado escolar a base de saquearle horas a la noche y de explotar su generosa capacidad intelectual. A lo dieciocho años, harto de esconderse del mundo, mandó sus padres al carajo y se plantó en Madrid para labrarse su propia identidad. Andrés tiene ahora cuarenta años, una hija celestial y una vida cómodamente instalada en el malestar existencial. 

Me cuesta digerir su historia. Sus palabras chocan con mi credulidad como guijarros. Sus lágrimas apalean mi conciencia. Reconozco esa congoja de crecer bajo una mano firme que sólo te acaricia cuando logras la excelencia. Sin embargo, lo de Andrés es de parricidio. Él vivió como un apestado, oculto entre los gorrinos de la casa. Señalado de por vida. 

Hoy, tras más de veinte años de terapia, Andrés todavía lucha por recuperar la dignidad que sus progenitores esparcieron en el lodazal de su pocilga. «No me aguanto.» —me confiesa desfallecido. 


Te escucho, Andrés. Yo si te aguanto. Te sostengo. Te admiro.

PALABRAS SENTIDAS

Más allá de discursos, de argumentos meticulosamente elaborados, de textos rellenos de razones y razonamientos, de ideas revolucionarias, al final lo que queda, lo que nos ayuda a valorar el impacto de un escrito, un libro o una conferencia es el movimiento emocional que nos ha generado. A lo largo de nuestra vida, vemos centenares de películas, estudiamos decenas de teorías, escuchamos montones de ponencias o leemos miles de libros y, sin embargo, a pesar de la cantidad de información que recoge nuestro cerebro, lo que adquiere valor y significado para nosotros es lo que ha hecho vibrar nuestro estómago.

Para una cirujana será el no va más de los métodos quirúrgicos, a un deportista le llamará la atención la biografía de un colega contemporáneo y una trabajadora social se conmoverá con el cuento que le ha dedicado una persona usuaria de su servicio. La memoria emocional que tenemos instalada en el sistema límbico se mueve ante ciertos estímulos. Y cuanta más intensa sea la ráfaga, mayor tiempo permanecerá el estímulo en nuestra lista de recuerdos.


A eso, algunos le llaman comunicación no verbal.

lunes, 23 de mayo de 2016

’LO QUE ES’ ES LO QUE ES

Reinterpreto un texto de Byron Katie:

«Cuando aceptamos ‘lo que es’ no tenemos que decidir nada. En nuestra vida sólo tenemos que esperar y ver; y confiar que la decisión la tomaremos (o se tomará) a su debido tiempo. Somos personas sin futuro. Cuando no tenemos que tomar decisiones, no hay futuro ni planificación. Todas las decisiones se toman por sí solas. Cuando mentalmente nos contamos la historia que tenemos que hacer algo (o tenemos que decir algo o tenemos que ser de una determinada manera), nos estamos apegando a esa historia.

Supongamos que volvemos de una día en el campo y encontramos la casa llena de ropa sucia, montones de papeles en la mesa del despacho, el plato de la comida del perro vacío, los baños sin hacer y una pila de platos por lavar. En lugar de entretenernos en alimentar el juicio de que somos un desastre, podemos escuchar la voz interna que nos dicta por donde empezar: "Lavar los platos." Es como seguir un mandato divino que nace en nuestra fuero más interno: "Lavar los platos." No suena muy espiritual, pero la propuesta es que sigamos esas instrucciones. Nos levantamos, nos ponemos el delantal y empezamos a lavar platos. Uno a uno. Y cuando hemos acabado esa tarea, volvemos a obedecer la orden que nos indica la siguiente faena. No se necesita nada más. Al final del día, la casa estará ordenada sin necesidad de entender quién o qué lo hizo.

Cuando aparece un pensamiento del tipo "Lavar los platos" y no le hacemos caso, entramos en una guerra interna. Y sería algo así como: “Los lavaré más tarde. Hace tiempo que debería haberlos lavado. Mi pareja tendría que lavarlos. No es mi turno. No es justo. La gente pensará mal de mí si no lo hago ahora.” Con todo este arsenal de pensamientos se genera un estrés y un cansancio mental de proporciones descomunales. 

La metáfora de" lavar los platos “ se puede aplicar a cualquier tarea, idea o pensamiento. De lo que se trata es de recibir con amor ‘lo que es’ en ese momento. Sea lavar los platos, llamar a los padres o hacer los deberes del día siguiente. Nuestra voz interior nos guía durante todo el día. A pesar de que es sólo una pequeña historia, cuando seguimos los designios de esa voz, nos ponemos manos a la obra y se acaba la historia. Dejamos de regodearnos en el pensamiento y nos dedicamos a vivir en plenitud. esperando, confiando y amando lo que aparece frente a nosotros aquí y ahora. Nunca recibimos más de lo que podemos acoger o gestionar, y siempre es una sola cosa cada vez.»

domingo, 22 de mayo de 2016

HAGAMOS DESDE LA PAZ

Cuando leo algunos textos de los colectivos LGTBI o de las personas con diversidad funcional (y anteriormente de otros colectivos), me encuentro con un lenguaje que me produce cierta antipatía. Me refiero al uso de palabras como “luchar”, “defender”, “batallar”, “enemigo”, “conquista” o, incluso, “guerra”. A veces, me veo hablando de nuestro proyecto Tandem Team y caigo en la tentación de utilizar esos términos, como si se hubieran instalado en nuestro insconsciente colectivo. 

Por una parte, entiendo que determinados grupos o colectivos se posicionen en el combate a la hora de acceder a sus derechos. Históricamente, la lucha y el conflicto han sido los únicos aliados disponibles para conseguir espacios de libertad e igualdad. Sin embargo, por otra parte, veo que los tiempos han cambiado o, como mínimo, están empezando a cambiar. También siento que no hay una única manera de conseguir los objetivos. Que la visibilidad de las minorías desfavorecidas y sus reivindicaciones se puede hacer desde el amor, desde la comprensión y el diálogo sereno.

Estoy convencido que las palabras no son inocentes y que el lenguaje genera realidades y estados emocionales. Por eso, en Tandem Team elegimos ese lugar más sereno y pacífico para exponer nuestras ideas y promover nuestras acciones.

sábado, 21 de mayo de 2016

CREER PARA SUFRIR

Creencias, juicios, ideas preconcebidas, historias. Sea cual sea la nomenclatura que utilicemos, el caso es que hay una parte de nuestro sufrimiento vital que nace en nuestra mente. La meditación o el mindfullness son técnicas que evitan esa diálogo incesante tratando de llegar al silencio, la quietud y la presencia con la respiración. Otra manera de reducir el ‘ruido mental’ es intentar cambiar aquellos pensamientos que nos bloquean la vida por otros que nos muevan a la acción y a la búsqueda del bienestar. En este post hablaré de dos técnicas que me parecen interesantes: The Work y la Terapia Narrativa.

Conocí el trabajo de Byron Katie a través de Elma Roura, una profesora de tantra y terapeuta que utiliza esta metodología para aliviar el sufrimiento de sus pacientes. The work, que así es como se llama la técnica de Katie, propone un trabajo de indagación a través de unas sencillas preguntas que van a permitir a la persona una reinterpretación de sus creencias y, así, dejar de ser una víctima y tomar responsabilidad en su vida. Este método funciona mucho mejor cuando las creencias se aplican a otra persona: la pareja, los hijos, el jefe, etc. Al final del proceso, uno siempre llega a la conclusión de que el otro nunca tiene la culpa de mi infelicidad, sino que son mis creencias sobre el otro lo que causa mi malestar.

El mismo enfoque, pero con diferentes técnicas, lo encontré en la Terapia Narrativa. Esta línea de trabajo, que fue desarrollada por Michael White and David Epston, propone que cambiemos aquellas historias que nos han contado sobre nosotros mismos (y que nos hemos creído) y que nos causan descontento. La idea es separar la persona del problema y, cuando eso ocurre, intentar examinar cuidadosamente la dinámica y la dirección de la interacción entre personas y problemas. Entonces puede abordarse una pregunta crucial: ¿está consiguiendo el problema más influencia sobre la persona, o está la persona consiguiendo una mayor influencia sobre el problema?


En ambos casos, la intención es la misma: cuestionar eso que llamamos realidad y reinterpretarlo en nuestro propio beneficio emocional.

domingo, 15 de mayo de 2016

EL OTRO, ESE ESPACIO DE ENCUENTRO CON UNO MISMO




Ahora, cuando estoy con el otro, me dejo sentir el calor en mis mejillas y el deseo que brota en mi piel. Y siento la apertura de mi pecho mientras el amor emerge hacia fuera. Ahora, en cada caricia y cada silencio, conecto con la sabiduría de los cuerpos. Me siento lleno, me siento nutrido, me siento vivo y, sobre todo, despierto.

miércoles, 11 de mayo de 2016

UNA REIVINDICACIÓN

Coach de actores. Coach alimentario. Coach musical. Programa coach de TV. Hace tiempo que el coaching se ha convertido en un término popular. Me alegra comprobar que lo que en sus orígenes era considerado por algunos como una una secta o una pseudoterapia, hoy es visto como una actividad profesional normalizada y aceptada por una buena parte de la sociedad. Como ejemplo de esta normalización basta con mirar la web del Colegio de Psicólogos de Barcelona para comprobar que aquellos que, en su día, veían con recelo esta disciplina hoy lo acogen en sus foros sin titubeos.

A principios del 2000, cuando el coaching en España aún estaba en fase embrionaria, quienes nos dedicábamos a esta práctica teníamos que invertir muchos esfuerzos en explicar los beneficios y las técnicas que empleábamos. Afortunadamente, los resultados eran tan contundentes y eficaces que las voces críticas se fueron diluyendo con relativa rapidez.

Hace poco, leí una entrada de un blog (ver aquí) que me hizo pensar en los peligros que se esconden tras el éxito del coaching. Más allá de la sátira o la exageración, el autor apuntaba una serie de prácticas que, en determinados casos, se ejercen bajo el paraguas protector del término. De todas ellas, me interesa destacar una que, a mi modo de ver, ataca los fundamentos de esta disciplina. Se trata de la manía que existe en esperar consejos del coach, es decir, en confundir al coach con un asesor o un mentor.

Todos los profesores y maestros que me enseñaron sus técnicas me dejaron claro que el coach no es un consejero sino un mero facilitador que acompañaba a la persona en su proceso de aprendizaje a través de la pregunta y la indagación. Incluso en la motivación del cliente se debería utilizar la pregunta para que sea la propia persona la que verbalice sus avances. Este principio es, en mi opinión, el que confiere al coaching su poder transformador. Este enfoque es el que me motivó a enrolarme en esta aventura.

Es muy probable que la génesis de este re-enfoque hacia la asesoría resida en la propia palabra ('coaching' = entrenamiento). Siempre fui crítico con ella, pero nunca encontré un sinónimo en español que expresara el espíritu indagador que proponen los padres del coaching. Ahora muchas personas esperan de un coach que les indique el camino a seguir o les sugiera la conducta necesaria para alcanzar un objetivo. Pero eso, desde mi punto de vista no es coaching.

martes, 25 de noviembre de 2014

miércoles, 19 de noviembre de 2014

TANDEM TEAM BARCELONA: ¡TÚ TAMBIÉN!

Tandem Team Barcelona es una asociación sin ánimo de lucro cuya meta es impulsar, colaborar y promover proyectos en pro de la defensa de la diferencia y la diversidad en cualquiera de los dominios de expresión humana (social, cultural, sexual, laboral o económica) con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas con diversidad funcional (discapacidad). Desde esta plataforma pretendemos generar impacto e influencia a través de una extensa oferta de proyectos estructurales y talleres puntuales.

Uno de estos proyectos es Tandem Intimity, la primera propuesta explícita para ofrecer un acompañamiento íntimo y/o sexual a las personas con diversidad funcional (discapacidad). Tandem Intimity hace de puente para que una persona con DF pueda encontrar a otra persona que quiera compartir su intimidad y su sexualidad con ella. Y viceversa.



lunes, 7 de octubre de 2013

ENTRAÑ(H)ABLE


A medida que avanzo en la práctica de la Conversación Genuina, a medida que profundizo en las respuestas a la pregunta “¿Quién soy?”, más me convenzo de que la autenticidad y la esencia de una persona no se pueden verbalizar o conceptualizar. Es probable que al plantear esta pregunta existencial nos quedemos sin palabras. Y es muy probable también que a lo largo de nuestra vida demos respuestas diferentes en función del ámbito, el ciclo vital o el entorno humano en el que la planteemos. ¿Significa que somos menos genuinos por el hecho de cambiar nuestra respuesta? ¿Dónde está nuestra genuinidad?

Llevo algunos días dándole vueltas a estas cuestiones y cuanto más converso, cuantos más procesos de toma de conciencia escucho, más me resuena la idea de la experiencia. Si tuviera que definir qué es la genuinidad, diría que es toda aquella experiencia que vibra en la boca de nuestro estómago. Así de fácil. Y así de complejo. No sé explicarlo de otra manera. Es la conclusión a la que llego después de recopilar decenas de respuestas de personas que se han acercado a su lado más auténtico y describen esa vibración cuando piensan, dicen o hacen alguna cosa que sale de su Ser Genuino. Desde este planteamiento, la búsqueda de la autenticidad pasaría por la selección y la facilitación de aquellos momentos, actividades o personas que gatillen en algún momento ese sentimiento en nuestras entrañas. Así de fácil. Y así de complejo.

jueves, 8 de agosto de 2013

VUELINGCUENCIA


Tras casi veinte años en silla de ruedas solo tengo palabras de agradecimiento para las miles de personas que con sus acciones, de forma permanente u ocasional, han hecho que mi día a día fuera un poco más accesible y llevadero. Hay, sin embargo, excepciones que por el impacto que me causaron quiero testimoniar. La primera vez que me sentí maltratado por mi condición de tetrapléjico fue en el hospital, mientras me recuperaba del accidente. Un enfermero cachondo con ganas de humillar a los pacientes empezó a pegarme sopapos en las nalgas simulando que me infringía un castigo por haber tenido una incontinencia. Su excusa para hacer semejante salvajada nacía en el hecho de que mi cuerpo no tenía sensibilidad en esa zona y por tanto podía zumbarme cuantos guantazos se le antojaran. Con el paso de los años he vivido situaciones menores en las que me he sentido incómodo o incomprendido por mi condición física. En la mayoría de ellas no he visto ninguna intención que me llevara a soliviantarme lo suficiente como la de aquella primera vez.

La semana pasada, sin embargo, volví a sentir ese fuego interno que produce la impotencia y la indefensión. Fue en un vuelo a Ibiza con la compañía Vueling. Subí al avión en una silla especial, acompañado de dos asistentes que se ocupan de ayudar a embarcar a las personas con diversidad funcional. Cuando llegué a la fila que me correspondía, les pedí que me sentaran en el siento del pasillo, como había hecho anteriormente en otros vuelos. Al oír esta indicación, el sobrecargo me dijo que no podía usar esa localidad, que tenía que viajar en el asiento de la ventanilla. Me quedé estupefacto. Era la primera vez que oía algo similar. “Vueling tiene una norma de seguridad que dice que las personas con movilidad reducida deben sentarse junto a la ventana”, me ordenó el jefe de la tripulación. Intenté razonar con él. Le dije que entrar en ese asiento iba a resultar muy complicado, que mi altura y mi tetraplejia complicaban enormemente esa maniobra. El tipo se mantuvo impertérrito, asido a la norma de seguridad. A la de tres, con el cuerpo lleno de rabia, acepté que los dos asistentes hicieran la transferencia. Llegué a mi ubicación con gran dificultad, gracias, entre otros, a la ayuda de mi cuidador que echó el resto en el tramo final. Estaba encendido. Las piernas tocaban con el asiento delantero y tuve que estar todo el trayecto con el respaldo reclinado para evitar llagarme. También tuve que pedirle al viajero de enfrente que por favor no se recostara hacia atrás para evitar lastimarme la rodilla. En la maniobra de aterrizaje no levanté mi respaldo, como obliga la normativa. Y ni el sobrecargo ni ninguno de los miembros de la tripulación tuvieron las narices de obligarme a ponerlo en posición vertical. Fue mi pequeña venganza. La demostración de que las normas, cuando la situación lo requiere, se pueden saltar.

A la hora de desembarcar, la maniobra fue más vejatoria porque los asistentes del aeropuerto de Ibiza eran mucho más bajos y mucho menos experimentados que los de Barcelona. Con mi peso y mi altura, salir de aquel agujero fue una auténtica pesadilla. Mis pies chocaban con las fijaciones del suelo y mis rodillas con los asientos delanteros, impidiendo avanzar hacia la salida. Los dos empleados estaban tan fatigados que se las vieron y se las desearon para levantar mi cuerpo hacia la silla, sin dejar de golpearlo con todo lo que se ponía a su paso. Durante ese largo calvario, el sobrecargo se desentendió por completo de su responsabilidad y, por no tener, no tuvo ni la decencia ni la valentía de despedirse de mí, como le obliga su norma laboral.



P.D. En el vuelo de vuelta, el sobrecargo no sólo me autorizó a viajar en el asiento del pasillo sino que colaboró personalmente a hacer la transferencia. Dejo escrito mi agradecimiento.

miércoles, 17 de julio de 2013

FOR I HAVE SINNED


Una conversadora genuina me ha pegado un varapalo a raíz de un comentario que le he enviado por mail y que lo ha tomado como una intromisión indebida en su intimidad. Mi intención, obviamente, no era causar ninguna ofensa ni levantar ampollas del pasado, pero aquí lo que vale no es lo que yo pretendí con el texto sino lo que ella interpretó. Y si la mujer se ofendió eso es lo que cuenta. El episodio me ha dejado un regusto amargo. También me ha dejado una lección magistral. De esas que perduran en el tiempo y que sacaré a colación en futuras charlas de sobremesa cuando explique aquellos aprendizajes que han modelado mi manera de entender la conversación genuina.

La palabra que más resuena en mi interior es humildad. En esto de la terapia o del coaching o del crecimiento interior es recomendable instalarse en la humildad, de lo contrario existe el riesgo de endiosamiento. Cuando una persona cura su depresión o su ansiedad o encuentra la alegría en su vida tras un proceso terapéutico, sea de la naturaleza que sea, tiende a halagar y ensalzar la labor del profesional que la acompañó. Pero no hay que olvidar una cosa: quien sana o mejora es el paciente o el coachee que viene a la consulta con la intención de cambiar su vida. Es la intención la que mueve todo el proceso y es el propio paciente quien realmente hace el trabajo. El coach o el terapeuta, en mi opinión, no son, o no deberían ser, los protagonistas del cambio. Lo único que, a mi entender, pueden aspirar es a ser luz para, ojalá, poder iluminar el camino hacia el bienestar de la persona que tienen en frente.

miércoles, 10 de julio de 2013

VERDE QUE TE QUIERO VER

Cuando escuchamos una historia sobrecogedora nos identificamos de alguna manera con la persona que nos la cuenta. La curación de una enfermedad, el duelo tras la pérdida de un ser querido, la emigración a otro país o la superación de una adicción son procesos emocionales que nos tocan profundamente y nos hacen pensar: "Sé de lo que habla". Incluso podemos a llegar a sentir lo que siente o ha sentido esa persona. Es el mismo fenómeno que, desde mi ignorante punto de vista, ocurre cuando miramos una pintura, escuchamos un aria o asistimos a una obra de teatro. El artista actúa desde su alma. Está desnudo mostrándonos su vulnerabilidad. Y cuanto más transparente es su sentimiento, cuanto más cerca está de su esencia, mayor es el impacto emocional que nos causa. Por eso creo que la cultura es tan importante. Porque nos sirve de espejo. Porque nos hace llegar de forma sutil y contundente a lugares de nuestro interior que yacen yermos e inhóspitos. Las vidas que narran los escritores o las fantasías que moldean los escultores son el mejor abono para reverdecer esos terrenos abandonados por culpa de la culpa o el trauma.

viernes, 5 de julio de 2013

TRIGO LIMPIO


Hace varios días que acabé un curso de narrativa en el Ateneu Barcelonès que me ha tenido absolutamente enganchado. Su conductor, Javier Argüello, es uno de esos escasos profesionales que, además de ser un experto en su materia, tiene la maravillosa capacidad para transmitir el conocimiento a través de la pasión. Me quedo con su adorable trato hacia las diferentes sensibilidades del grupo. Me quedo con su impecable dominio de la técnica narrativa. Me quedo con su valentía a la hora de exponer públicamente las opiniones sobre los ejercicios presentados y de extraer una clase maestra a partir del análisis de cada uno de ellos.

Y, por destacar alguna de sus perlas, me quedo con la distinción que hizo sobre el concepto de la originalidad. Javier nos explicó que los escritores o los artistas, e incluso la sociedad, hemos desvirtuado la idea de la originalidad. Que le hemos atribuido el valor de lo diferente, lo nuevo. Tenemos la creencia que para ser original tenemos que innovar y hacer algo que nadie había hecho antes. Sin embargo, la etimología de la palabra nos indica claramente que la originalidad está relacionada con el origen (“origo” en latín es comienzo). Decía Javier que las obras originales lo son porque tocan y muestran el origen de quien las creó. Porque hablan de la esencia del autor. Cuando nos emocionamos al leer un texto o escuchar una ópera o mirar un cuadro estamos conectando con el alma del escritor o el compositor o el pintor. Y es esa conexión con la autenticidad lo que hace nuevas y diferentes las expresiones artísticas. Porque al final todo está dicho y todo está escrito, pero la manera en que se expresa, es decir, el lugar del que brota la obra es único.

Gracias, Javier, por enseñar con tanta originalidad.

martes, 18 de junio de 2013

lunes, 17 de junio de 2013

TRAPOS SUCIOS


Cuando digo que la mujer tiene una herida arquetípica no pretendo decir que la cuestión del maltrato o del no-trato o del abuso por parte del hombre sea una cuestión del pasado. Al contrario, soy de los que piensan que la herida sigue más abierta que nunca y que hay que seguir insistiendo en la educación infantil para reforzar los valores de igualdad y respeto mutuo y así evitar que los niños de hoy se dejen influenciar por la dinámica machista que impera en una gran parte de la sociedad adulta masculina.

La muestra de que el problema está muy vigente lo encontramos en esta web donde mujeres de todo el mundo pueden enunciar y denunciar sus experiencias diarias. Para muestra un botón:

“He sufrido acoso en el trabajo por varios hombres diferentes en varias ocasiones cuando he ido al baño. Me han acosado con silbidos, llamándome "niña", intentando obligarme a hablar con ellos, haciéndome fotos sin mi autorización, llamándome perra por negarme a hacer una pausa y prestarles toda mi atención, o diciéndome que deberían haber ‘días sin camisa en el trabajo porque tengo una buena carrocería’. Ah, sí, el sexismo está vivo. Y es feo, humillante y aterrador.” (M.)

“Me llamó puta y cuando le pregunté porqué me dijo que por llevar los pantalones tan cortos.” (P., 13 años)

jueves, 13 de junio de 2013

EL SECRETO ES QUE NO HAY SECRETO


¿Qué es la genuinidad? ¿Cómo sé que estoy siendo genuino? Recientemente, con las conversaciones que se general alrededor de la promoción del libro, escucho con bastante asiduidad este tipo de preguntas. Reconozco que no tengo una respuesta; de la misma manera que soy incapaz de explicar a qué sabe el chocolate o qué se siente al perder la movilidad corporal. Hay cuestiones que no se pueden explicar. Se tienen que vivir. Tomar conciencia, ser uno mismo o estar enamorado son conceptos tan ambiguos y, a la vez, tan íntimos y sensoriales que me resulta difícil conceptualizarlos. Vivimos encadenados a las limitaciones del lenguaje que nos obliga a concentrar en una palabra algo tan singular como una emoción.

Mi opinión es que la única manera de explicar estas distinciones es a través de la vulnerabilidad, de la apertura emocional. Mi experiencia me dice que cuanto más expongo mi alma, cuanto más honesto soy con la manera de hablar sobre mi vivencia mejor es la comprensión de lo que intento transmitir. Es mágico. Ocurrió el día de la presentación del libro. Y ha ocurrido en otras ocasiones. Más que hablar sobre la conciencia o el amor, propongo a los que manejamos esta terminología que tratemos de Ser Conciencia y Amor. Desde ese lugar, todas las preguntas tienen respuesta. O, mejor, todas las preguntas dejan de tener sentido y, por tanto, no necesitan ninguna respuesta.

martes, 4 de junio de 2013

martes, 21 de mayo de 2013

LA MADRE DE TODOS LOS ABRAZOS


El sábado siguiente a la presentación del libro organicé una comida con mis amigos más íntimos para celebrar el éxito de la convocatoria. Más que la celebración en sí, lo que me apetecía de verdad era cotillear, escuchar las anécdotas que cada uno de ellos había captado desde su propia vivencia. Necesitaba bajar de la nube en que me había subido tras el inolvidable abrazo (“Me hubiera quedado ahí toda la vida”, me confesó mi madre al día siguiente) y la interminable ovación que me dedicaron todos los presentes al finalizar la entrevista de Albert Om.

Hasta esa comida, llevaba dos noches saboreando en mi memoria las muestras de cariño que recibí de decenas de familiares, amigos y conocidos que, bien de forma presencial, bien a través de la tecnología, bien con el pensamiento, me acompañaron en esa velada. No quiero destacar a nadie en particular. Ni lo hice entonces, ni lo haré ahora. Mi agradecimiento es extensible a todas y cada una de las personas que, de manera más o menos amigable, se han relacionado conmigo a lo largo de mi vida.

Lo que sí quiero hacer en este post es tratar de explicar algo inexplicable: la conexión que se creó en la sala. Me he revisado los vídeos y aún no logro entender el fenómeno. No creo que fuera el mensaje lo que captó la atención del público. Tampoco creo que  fuera la novedad la causante de esos silencios tan cargados de significado. Cuanto más pienso sobre la cuestión, más me convenzo de que no fue el ‘qué dije’ lo que me conectó con la audiencia, sino el ‘desde donde lo dije’. Sí, reconozco que durante los primeros cinco minutos estaba muy nervioso, pero a medida que avanzaba la entrevista, y, sobre todo, durante el turno de preguntas, fui cogiendo el hilo de mi genuinidad y empecé a tejer un mensaje cuyas palabras fluían de manera natural, ajenas a las indicaciones que recibían de mi mente. Respondí cada cuestión sin pensar en el libro, ni en la promoción, ni tan siquiera en la imagen que podía estar causando entre los asistentes. Me conecté profundamente con mi experiencia sentida. Cada cosa que dije la traté de mostrar desde el sentir, no desde el pensar. Y fue esa conexión con lo experimentado lo que, en mi opinión, traspasó la mente de cada participante y descendió hasta su hara, ese lugar mágico localizado en la parte inferior del vientre que nos conecta con la conciencia universal, con la certeza. Con el amor.

De ahí la ovación. De ahí la euforia. Sí, aquel aplauso final estaba repleto de amor. De ‘esas palabras me pertenecen’. De ‘ese lugar desde el que hablas es el mío’. De ‘me reconozco’. De ‘te reconozco’. De ‘soy Amor’.

jueves, 9 de mayo de 2013

miércoles, 8 de mayo de 2013

UNA METÁFORA CUALQUIERA


Ayer, día del lanzamiento de mi primer libro, hice el envío de la convocatoria de la presentación a casi medio centenar de contactos. Eran las siete y cuarto de la mañana. A la media hora, ya tenía más de diez correos electrónicos en mi bandeja de entrada con palabras de ánimo y reconocimiento hacia el trabajo. Por la noche había recibido casi un centenar de mensajes cuyos remitentes, bien me felicitaban por la iniciativa, bien me confirmaban su asistencia. Fue tal la emoción acumulada que nada más estirarme en la cama me puse a escuchar Frecuencias del Alma para soltar las lágrimas que se habían acumulado a lo largo de la jornada.

El domingo hará diecinueve años que me partí el cuello y la vida en una autopista portuguesa. En todo este tiempo he pasado por un interminable abanico de emociones que van desde la rabia y la culpa hasta la aceptación y el amor. Han sido dos décadas trepidantes en las que he aprendido a pedir, a dar, a esperar, a conversar, a escuchar, a llorar, a escribir, a recibir, a saber y a saberme. En definitiva, a tomar conciencia.

No siento que este libro sea ni mi hijo ni una culminación de un proceso. Han sido tantos y tan profundos los cambios que he sufrido a lo largo de esta tetraplejia, tantas las pequeñas conquistas que me resulta descortés ponerle una bandera a este trabajo por el hecho de tener más visibilidad que el resto. Vivir el sexo es una tapa deconstruida, una osadía de mi vanidad y mi ego que llevan muchos años pidiéndome una oportunidad. Quizá también sea un granito de arena para mezclarlo entre los millones de granitos de arena que forman esta maravillosa playa que llamamos conciencia universal.

domingo, 21 de abril de 2013

ANÁLISIS DE CONCIENCIA


Antes de entrar en la tienda de libros, me tomo un cortado en la terraza del bar contiguo para despabilarme un poco. A esa hora del mediodía, escasean los transeúntes. De repente, una voz llama mi nombre por la espalda. Cuando me giro, veo a un compañero de universidad y de jolgorios juveniles que se alegra de verme. Compartimos un café y nos ponemos al día de nuestras respectivas trayectorias personales y profesionales. A mitad de la conversación, el hombre me confiesa entre llantos que se siente culpable por no haber estado a mi lado durante los meses posteriores al accidente. Que cuando se enteró de la noticia se quedó petrificado y que nunca supo ni cómo ni cuándo podía hacer la maniobra de acercamiento. Le digo que estoy bien y que no tengo ningún sentimiento negativo hacia él. Que aquello ya pasó y ahora podemos volver a reconstruir la amistad desde otro lugar.

Al llegar a casa pienso en mi amigo. Me pregunto cuánto habrá sufrido a lo largo de los últimos veinte años cada vez que se auto inculpaba por ser incapaz de coger el teléfono. Me viene a la memoria la confesión que hizo el tenor José Carreras en un entrevista tras ganar la batalla a su leucemia: «Antes de entrar en quirófano hablé con mi hermano y le dije todo lo que le tenía que decir». También pienso en las declaraciones que hacen las personas que trabajan con enfermos paliativos que observan que, en el lecho de muerte, la máxima preocupación de muchos moribundos es poder despedirse de sus seres queridos para pedirles perdón por todo aquel mal que hubieran podido causar y para decirles, quizá por primera vez, que les quieren.

miércoles, 17 de abril de 2013

GROSSO MODO


Escucho con regularidad que la crisis económica va a provocar un cambio de paradigma en muchos ámbitos. El estado del bienestar o los hábitos de consumo, por ejemplo, ya se están viendo afectados por la devastadora explosión de la burbuja inmobiliaria. A nivel laboral, hace algunos años que se inició un cambio de modelo que ahora, con la recesión, empieza a estandarizarse. Se trata de la forma de trabajar de los millennials, la generación G o Y, los globalizadores o como quiera que se llamen (ver vídeo). Esta nueva hornada de chicos y chicas trabajan inter conectados con un espíritu emprendedor en proyectos que, de forma directa o indirecta, tienen que ver con sus valores, su talento innato o su pasión.

El reto que plantea este nuevo modelo no es baladí. En primer lugar, hay que saber cuál es esa pasión. Para ello retomo el tema del post anterior y me pregunto qué herramientas pone a disposición de los ciudadanos el sistema educativo para hacer esta introspección. Es cierto que hay escuelas privadas que han empezado a incorporar programas o asignaturas que van más allá de los contenidos y ponen un espejo delante del alumno para que se cuestione quién es y dónde está su vocación, pero en la escuela o la universidad públicas no se ven indicios de cambio. No nos olvidemos que estas instituciones están al servicio de la sociedad y no al revés y que son ellas quienes deben adaptar sus estructuras a las necesidades que plantea la nueva economía. Y no al revés.

Los puestos de trabajo del futuro no tendrán una descripción de tareas. Incluso dentro de una organización multinacional, lo que se va a pedir al empleado es que trabaje con mentalidad emprendedora. «Es lo que hace Google —dice Katherine von Jan— que obliga a sus trabajadores a dedicar una quinta parte de su jornada laboral (el equivalente a un día laborable de la semana) a desarrollar ideas o proyectos que sean de su interés. Como consecuencia de esta filosofía la mitad de los nuevos productos que ha lanzado el gigante tecnológico desde 2009, incluido Gmail, han surgido de este ‘tiempo libre’.»

Una vez hemos atinado con la pasión, el segundo reto que propone el nuevo modelo laboral es el de la fortaleza interior para exponerla públicamente y conseguir una compensación económica por ello. La pasión esta tan ligada al ser y a la esencia interior que cuando se usa como medio de vida genera mucha inseguridad. Que se lo digan a los pintores, cantautores o escritores que cada vez que publican su obra sienten que en el fondo son ellos mismos quienes se están exponiendo. La buena noticia es que, a largo plazo, cuando somos capaces de asirnos a nuestros principios, la balanza emocional abandona el sufrimiento y se inclina del lado de la gratificación.

El nuevo milenio nos lleva hacia a una sociedad más genuina. En el ámbito de la sexualidad, en el laboral, en el social o, incluso, en el político se empiezan a observar una serie de comportamientos y actitudes que apuestan por la singularidad, por la flexibilidad y por la honestidad. En definitiva, una apuesta por el ser humano y por aquello que lo define como tal: su conciencia.

viernes, 12 de abril de 2013

TANT DE BO


Toma de conciencia, ser uno mismo, vivir en coherencia, ser auténtico, sentir al centro, conectar con nuestra esencia. Para mí, todas estas expresiones son sinónimas y forman parte del mismo proceso de descubrimiento vital. Cada día que pasa estoy más convencido que la vida es el conjunto de experiencias que nos permiten responder a la pregunta quiénes somos y qué hemos venido a hacer a este mundo. También, poco a poco, me reafirmo en la teoría que dice que la calidad de esa vida depende, en primer lugar, del grado de honestidad que aplicamos a esas respuestas y, en segundo lugar, de nuestra capacidad para trasladar esas conclusiones a nuestro día a día.

Hace años vi un reportaje sobre los métodos de aprendizaje emocional que aplicaba en sus clases un maestro japonés de enseñanza primaria. A mitad de curso, les decía a sus alumnos que dibujaran la silueta de su cuerpo en un papel de gran tamaño y les pedía que la rellenaran con todo aquello que tuviera que ver con su personalidad, sus gustos, sus inquietudes. «Para estos niños y niñas de diez años —dice la voz en off— es una oportunidad para reflexionar sobre quién son».

En efecto, la vida no es más que la redacción de nuestro retrato interior. Desafortunadamente, nuestro sistema educativo no incluye ninguna asignatura que nos enseñe a conocernos mejor. Nuestra cultura ha delegado esa función en la familia. Son nuestros padres y nuestras madres los que, de buena fe, deciden cómo tenemos que vivir la vida. Y, claro, ahí empieza el gran problema porque si hay algo que caracteriza el ser humano es la singularidad. Cuando nos damos cuenta que las sugerencias de nuestros progenitores están hechas desde su propia manera de ver y entender el mundo y no nos sirven, no nos queda otro remedio que coger el lápiz y el papel para ir escribiendo, a través del ‘prueba-error’ o de las diferentes crisis emocionales, la sinopsis de nuestra esencia y el guión de nuestra felicidad.

jueves, 11 de abril de 2013

miércoles, 10 de abril de 2013

¿TOTUS BRUTUS?


Lo confieso. Yo fui uno de esos desgraciados que menciono en el post. Sí, de esos que buscaban a la mujer como un fin para satisfacer su ego y no como un ejemplo para deshacerse de él. Sin tacto, sin empatía. No es que mirara a las chicas desde una única perspectiva, es que ni las veía, cegado como estaba por mi instinto cazador. Me encontraba a años luz de poder acercarme a lo femenino con interés y respeto. En mi programación neuronal no había espacio para el tacto, el silencio, la escucha. Y así me pasé muchos años, incluso después del accidente, saliendo de la cama de mi amante con mucha prisa y con un absoluto desconocimiento de quién era la persona con la que acababa de compartir la noche.

Si miro atrás y busco una explicación a tanta aspereza en el trato íntimo solo me viene a la mente una palabra: ignorancia. Mis actos, o la ausencia de ellos, no estaban guiados por una motivación específica o un deseo de querer ofender o menospreciar. Sencillamente, no sabía hacerlo de otra manera. En mi referente familiar y cultural nadie había escrito un capítulo sobre la sensibilidad, la caricia o la apertura emocional. Mi plan era seguir el plan que habían seguido mis ancestros: estudiar mucho, trabajar mucho y ganar mucho dinero para casarme y criar hijos que estudiaran mucho, trabajaran mucho y ganaran mucho dinero.

Desde mi experiencia personal, y desde lo que escucho en experiencias masculinas ajenas, creo que el hombre también tiene una herida arquetípica, entendida esta como una ausencia. Si la mujer esconde su vulnerabilidad porque tiene pavor a que un tío sin escrúpulos se la reviente de un plumazo, el hombre oculta la suya, en una primera instancia, porque ignora lo qué es y dónde está, y, en segundo lugar porque, una vez localizada, no sabe qué demonios tiene que hacer con ella. Como resultado de este juego tan macabro tenemos a dos opuestos que transitan cojos por la vida. Unos y otros, de forma consciente o inconsciente, se relacionan entre sí en un terreno absolutamente superficial. Unos y otros se las apañan para arriesgar lo justo y solo dejan ver al otro aquella parte de su personalidad desde la que pueden controlar el panorama.

Sí, podemos decir que a nivel arquetípico la mujer es una víctima del hombre. Pero también se puede concluir que el hombre es víctima de sí mismo. No entro en valoraciones sobre quién lo pasa peor. Hablo de generalidades. Veo a muchas mujeres de mi generación que, desilusionadas, han roto la baraja y deciden que no jugarán a enamorarse nunca más. Así mismo, veo a muchos hombres que ni se han enamorado ni se enamorarán en su vida porque en lugar de aprender a descubrir qué sienten al mirar los ojos de su pareja en silencio mientras le acarician la palma de la mano prefieren sostener su rol de macho a costa de repetir clichés que ni les pertenecen ni les hacen ningún bien.

lunes, 8 de abril de 2013

EASY FEELING

OCTUBRE DE MI VIDA


A finales del mes de agosto del pasado año escribí una entrada en la que transcribía grosso modo los detalles de una entrevista ficticia que transcurrió en un sueño que había tenido la noche anterior a la publicación de ese post. En una de las hipotéticas preguntas sobre los cambios que había experimentado mi sexualidad a raíz del accidente, contestaba al personaje que hacía de periodista con una verdad y le decía que, efectivamente, había escrito un libro sobre ello, pero que, bien por la crisis, bien por mi escasa habilidad como escritor, no había conseguido captar el interés de ningún editor.

En el mes de septiembre, una gran amiga me aconsejó acudir a una astróloga para que me hiciera una lectura de mi misión vital. Después de enviarle los datos que me pidió y, no sin antes sopesar la oportunidad de esa consulta, la señora me confirmó que la escritura, en particular, y la comunicación, en general, eran, junto con la búsqueda espiritual, los pilares sobre los que se fundamentaba mi vocación.«En octubre tendrás buenas noticias sobre tu libro», auguró. Por esos días, estaba a punto de cerrar un acuerdo con una imprenta digital para auto editarme el libro y darle una oportunidad entre mi círculo de amistades, sin embargo nunca acabé de dar el paso final. Afortunadamente. Porque e mediados de octubre, como predijo la astróloga, me llamó una editorial con gran interés para publicar mi libro. Y el próximo mes de mayo sale a la venta.

domingo, 7 de abril de 2013

SUS SUSURROS (2)


La entrada de ayer se paseó por mis pensamientos a lo largo del día. Esta mañana, al mirar las estadísticas del blog, me he sorprendido al ver que el post de ayer fue, con muchísima diferencia, el más leído de cuantos he publicado hasta la fecha. Esto me confirma que en el universo femenino hay un runrún sobre la cuestión de la vulnerabilidad y el ultraje que late en silencio.

Hago un repaso mental de la vida de las mujeres que conozco y han compartido su intimidad conmigo en algún momento puntual. Familiares, amigas, ex parejas, clientas de coaching, conversadoras. Me salen varias decenas de nombres. Salvo alguna niña o adolescente cuyo historial desconozco, encuentro a muy pocas mujeres que se hayan librado de una agresión verbal, física o emocional por parte de una pareja, familiar, amigo o desconocido. Es aterrador. Padres, tíos, abuelos, maridos, compañeros de clase, jefes, colegas de trabajo, amigos, vecinos. La gran mayoría han sufrido algún tipo de agresión: toqueteos, empujones, insultos, piropos de mal gusto, desprecios, menosprecios, abusos sexuales. Ante este vendaval de amenazas, no es de extrañar la desconfianza que impera en el universo femenino para sacar a la luz su sensualidad. Y es una lástima. Primero, porque cercena una parte intrínseca de la naturaleza de la mujer y, después, porque priva al hombre de ver en plenitud a su compañera de viaje.

sábado, 6 de abril de 2013

SUS SUSURROS


A raíz de su último libro (El tango de la guardia vieja), Arturo Pérez-Reverte dice que "La mirada de una mujer inteligente es el mayor botín que un hombre puede obtener a lo largo de su vida." A mí esta sentencia me sabe a poco. Creo que lo que hace afortunado a un hombre no es que le mire una chica sabia, sino que le mire con intención, con alguna propuesta seductora. En mi opinión no hay nada más sublime que caminar de la mano de una mujer que ha estado todo el día cuidándose y preparándose para ese momento. Hace años, en un festival espiritual de Suecia, un gurú inglés que se paseaba por el campus con tres esposas dijo que si no estamos enamorados de una mujer lo mejor que podemos hacer es no tocarla. Cuanto más conozco a la mujer, cuanto más entro en su interior, más me cercioro del daño que le ha infligido el hombre a lo largo de los siglos. A nivel arquetípico, veo a la mujer actual como un ser herido que no baja la guardia porque teme la traición. Es como si, tras años de decepciones, haya construido un muro alrededor de su corazón para que ningún desgraciado se lo pueda arrebatar.

No nos engañemos, la feminidad es un regalo. Cuando una mujer abre la puerta de su intimidad está ofreciendo al hombre la posibilidad de acceder a una sabiduría ancestral, casi mística, que habla de Amor, de Tierra, de Creación. No me refiero al cuerpo, ni al sexo. Hablo de entregar la vulnerabilidad, la piel. Los hombres deberíamos ser conscientes de que al acariciar la piel de una mujer enamorada estamos acariciando su alma.

miércoles, 3 de abril de 2013

ME (LO) HACES BIEN


Naoko es la protagonista de Tokio Blues, una novela escrita por Haruki Murakami que, de ser real, podría dar testimonio del poder que tiene la energía en nuestra respuesta sexual. Esta muchacha perdió su virginidad el día de su vigésimo aniversario en brazos de Watanabe, el mejor amigo de su ex novio, Kizuki, quién meses atrás se había suicidado en el asiento trasero de un coche respirando los gases que salían del tubo de escape. 

La chica, después de soplar las velas, siente que tiene el cuerpo preparado para recibir las envestidas de Watanabe y, con los miedos propios de una primera vez, acepta la propuesta de su amante. Cuando acaba el acto sexual, un torpe Watanabe se extraña que la novia de su amigo fallecido aún estuviera intacta y así se lo hace saber.

—¿Quién te crees que eres para preguntarme esto?— implora Naoko encolerizada, a punto de romper a llorar. 

A los pocos días de este desafortunado estreno, Naoko decide recluirse en un sanatorio perdido entre las montañas, cerca de Kioto, para superar el suicidio de su primer amor y recomponerse del ataque emocional que recibió de Watanabe. Éste, enamorado sin límites, la visita regularmente sabiendo que ella no le va a permitir volver a entrar en su cuerpo hasta que supere el trauma. En una de sus visitas, Naoko le pide a Watanabe que le acompañe a pasear por el bosque. «No quiero hablar de esto —dice ella—, pero sé que si no lo hago nunca me curaré». Naoko, muy agitada, le confiesa a Watanabe que, efectivamente, Kizuki no pudo nunca hacer el amor con ella. «Le quería como nunca voy a querer a nadie —explica—, le conté cosas que nunca le contaré a nadie y, sin embargo, no pude darle algo que sí he podido darte a ti». La joven reconoce que su cuerpo y su energía no conectaron con la de Kizuki, a pesar de desearlo con todo su ser, y que eso era algo que la mortificaba. «No entendía cómo mi cuerpo se podía negar con tanta contundencia a recibir al hombre que adoraba», se lamenta Naoko bañada en lágrimas de culpabilidad.

Así de dramática puede ser la transferencia energética. Cuando no hay sincronía entre dos personas, el sexo no fluye, los amantes no vibran. Desde esta perspectiva, no hay buenos o malos amantes, hay conexiones que se retroalimentan o se rechazan.

lunes, 1 de abril de 2013

THE OTHER SIDE


Julia Roberts, en Novia a la fuga, interpreta el papel de Maggie, una chica que se ha hecho famosa en su ciudad por dejar plantados a varios pretendientes en el altar con la capilla llena de familiares y amigos que, en lugar de presenciar un paseo nupcial, se convierten en testigos de una huida repentina y desesperada de la protagonista. A lo largo de la trama, el guión muestra a una chica que tiene varias relaciones y en cada una de ellas se mimetiza con sus gustos, sus aficiones y sus deseos, dada su incapacidad o su ceguera a la hora de hacer valer su opinión o sus preferencias. Cuando llega la hora del compromiso, la mujer entra en pánico. En el momento, ya en la iglesia, en que el cura le coge la mano para colocarle el anillo, huye despavorida por el pasillo central como si acabara de tocar al mismísimo diablo. Así, la escena se repite varias veces. 

En el desenlace de la trama, después de romper con el hombre que le ha puesto el espejo donde ha visto reflejada la raíz de sus deserciones, Julia Roberts decide enfrentarse a la imagen que ha descubierto en el cristal. Lo primero que se le ocurre, es pedirle a un amigo que le cocine un huevo de todas las maneras posibles. Pochado, frito, en tortilla, duro, pasado por agua, revuelto. Después de recorrer las diferentes preparaciones que se extienden sobre la mesa, la cámara se detiene en la cara de Maggie que prueba todas y cada una de las recetas. La interpretación de la actriz deja bien claro que lo que ella hace no es comer, sino saborear las diferentes elaboraciones. Es decir, usando palabras más cercanas al argumento que persigo, lo que hace es averiguar cuales son las emociones que le provoca cada plato, descifrar los mensajes que se desencadenan en cada bocado. Cuando, finalmente, toma su decisión podemos ver a una mujer que sale orgullosa de la cocina con el nuevo menú del desayuno bajo el brazo y coge el coche en dirección a la escena final.

A veces, tomar conciencia es tan sencillo como decidir qué tipo de preparación queremos para los huevos del desayuno. O de qué color vamos a comprar el coche. O con qué actividad queremos ocupar nuestro día a día. O dónde queremos trabajar. O cómo queremos que sean nuestros amigos. Para mí, tomar conciencia es hacer una elección emocional, es decir, escoger qué queremos retener en nuestra vida para poder fluir en armonía y coherencia.

miércoles, 20 de marzo de 2013

viernes, 15 de marzo de 2013

¿HAY TANTOS TONTOS?

Dice Paco Traver que "sin poder -o mejor dicho sin asimetrías en las relaciones de poder- es imposible curar, educar, enseñar o dirigir a nadie. Un juego que viene definido por reglas que están en el propio encuadre: uno que no sabe y otro que sabe, uno que carece y otro al que le sobra (como en Poros y Penia), uno que es exceso y otro déficit, uno que ama y otro que debe dejarse amar, uno que es sujeto y otro que es objeto."

A mí, personalmente, la idea del poder me chirría bastante, en especial en lo referente a las relaciones entre terapeuta y paciente o entre coach y coachee. Siempre he pensado que el Amor es el mejor entorno para que una persona sea capaz de hacer el clic terapéutico. No el poder. La distancia, o el desequilibrio al que se refiere el Dr. Traver, me genera desconfianza. ¿De qué manera se aproxima un psicólogo a una persona si está convencido de que él lo tiene/sabe todo? ¿Qué energía percibe un paciente que acude a una consulta con la sensación de que le falta algo? Todas las personas, a mi modo de ver, están completas. Si sufren no es porque son seres inferiores, sino porque, probablemente, no han aprendido a gestionar los recursos que les permita saberse, es decir, observarse a sí mismos con un cierto desapego y distanciamiento. En definitiva, para tomar conciencia y desidentificarse con la emoción que los castiga.

Carl Jung lo explica de forma magistral: "Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana."

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿QUIÉN CREÓ A DIOS?

Greta tiene cuarenta y todos años. Me dice que no puede más. Que le va a explotar la cabeza de tanto pensar y de tanto sufrir. Hace tres años que uno de los mejores especialistas en la materia le ha diagnosticado una bipolaridad. Sus antecedentes familiares y sus repetitivos estados depresivos la llevaron a sospechar de que su malestar existencial iba más allá de un desánimo crónico. Desde que tiene el dictamen en el bolsillo se mueve entre dos aguas. Por una parte, Greta ha conseguido entender las causas de su deriva vital, el porqué de tantas idas y venidas, de tantos compromisos incumplidos y de tantos proyectos evaporados. Por otra parte, la cabeza de Greta se ha convertido en el enemigo a batir. "Si mi mente me ha estado traicionando todos estos años, —me confiesa angustiada—, ¿como puedo confiar en ella para que me saque de este laberinto? ¿Quién ha vivido mi vida, yo o mi enfermedad?"

Sus preguntas me hielan el ánimo. Como no tengo respuestas la invito a respirar. Es el único camino que se me ocurre para sacarla de la trampa que le ha tendido el pensamiento. Sin embargo, ella quiere pelea. Quiere saber qué va a ser de ella. Si podrá tener una vida en pareja. Si podrá armonizar sus vaivenes anímicos con alguna actividad que le permita alguna recompensa, no ya en forma de dinero, sino en forma de reconocimiento ajeno. Si podrá reprimir los deseos de sacarse de en medio.

Si podrá.