domingo, 21 de abril de 2013

ANÁLISIS DE CONCIENCIA


Antes de entrar en la tienda de libros, me tomo un cortado en la terraza del bar contiguo para despabilarme un poco. A esa hora del mediodía, escasean los transeúntes. De repente, una voz llama mi nombre por la espalda. Cuando me giro, veo a un compañero de universidad y de jolgorios juveniles que se alegra de verme. Compartimos un café y nos ponemos al día de nuestras respectivas trayectorias personales y profesionales. A mitad de la conversación, el hombre me confiesa entre llantos que se siente culpable por no haber estado a mi lado durante los meses posteriores al accidente. Que cuando se enteró de la noticia se quedó petrificado y que nunca supo ni cómo ni cuándo podía hacer la maniobra de acercamiento. Le digo que estoy bien y que no tengo ningún sentimiento negativo hacia él. Que aquello ya pasó y ahora podemos volver a reconstruir la amistad desde otro lugar.

Al llegar a casa pienso en mi amigo. Me pregunto cuánto habrá sufrido a lo largo de los últimos veinte años cada vez que se auto inculpaba por ser incapaz de coger el teléfono. Me viene a la memoria la confesión que hizo el tenor José Carreras en un entrevista tras ganar la batalla a su leucemia: «Antes de entrar en quirófano hablé con mi hermano y le dije todo lo que le tenía que decir». También pienso en las declaraciones que hacen las personas que trabajan con enfermos paliativos que observan que, en el lecho de muerte, la máxima preocupación de muchos moribundos es poder despedirse de sus seres queridos para pedirles perdón por todo aquel mal que hubieran podido causar y para decirles, quizá por primera vez, que les quieren.

3 comentarios:

la seño de plastica dijo...

hace un año aproximadamente, una GRAN AMIGA compartió conmigo, casi a diario, la experiencia de la enfermedad de su padre.

comenzó en el momento en que le detectaron el cáncer, continuó con el progresivo deterioro físico y concluyó con la inevitable muerte de su padre. (digo "comenzó" y "concluyó" por poner un principio y un fin a mi comentario, porque la realidad carece de estos límites)

continúo contándote lo que quiero compartir contigo.

Lo que ella me fue contando lo llevé a mi vida de la siguiente manera:
¿y si fuera mi padre el que tuviera que pasar por todo eso?
¿y si yo tuviera que vivir esa experiencia?

ella me hablaba de cómo su padre iba desapareciendo poco a poco porque su deterioro físico le fue mermando facultades que hasta entonces eran las que mejor lo caracterizaban: un hombre fuerte, el pilar de la casa, el cabeza de familia que todo lo dirigía, el que daba el visto bueno a lo que estaba por hacer, el que ejercía de líder entre todos los miembros del clan.

La enfermedad lo estaba dejando tan débil e indefenso como un niño y, ella, necesitaba acercarse a él con mimo y cuidado como una "mama". despertaba en ambos la ternura y el amor y dejaba atrás los roces y las tensiones que habían tenido tiempo atrás (las tensiones que puede haber entre padre e hija)

yo me puse en su pile y me pregunté: ¿hemos de dar lugar a una grave enfermedad para tener entre nosotros esta relación de AMOR?

¿cambiaría en algo la relación que yo mantengo con mi padre si fuese él el enfermo?

fue un toque de atención para mi porque necesité revisar qué cosas quería y qué cosas no de mi relación con mi padre.

digamos que me ayudó a poner orden en ese aspecto de mi vida.

y ahora te hablo de "las casualidades". su padre murió el 8 de octubre del año pasado y a mi padre le detectaron un tumor maligno en estadoVI el 24 de enero de este año.

De alguna manera yo ya había vivido la experiencia de la enfermedad a través de mi AMIGA. era como si conociera la parte teórica. me detalló el proceso de la pérdida desde la intimidad más absoluta y pude ponerme en su piel.

ahora estoy viviendo la fase práctica... desde luego, la intensidad de la experiencia es distinta. la primera parte me preparó para la siguiente. haber puesto en orden la relación con mi padre me da mucha tranquilidad, por supuesto. Ahora bien, no hice grandes cambios, sólo sé que tomé conciencia y eso es lo que ahora me permite vivir y acompañarlo con una serenidad desconocida para mi (no me reconozco, sin embargo soy yo, nueva)

no le dicho "te quiero" porque no lo he necesitado (todavía...) pero mi contacto físico sí ha cambiado: nos tocamos de soslayo y sentimos el calor de nuestro brazo al pasar por el hombro para caminar, sentimos que nuestras manos se estrechan para cogernos más el úno al otro al ayudarlo a levantarse, nos mantenemos a la escucha cuidadosa en cualquier conversación trivial...
la muerte acecha y el tiempo corre en nuestra contra. estamos unidos de modo especial desde que el tumor dió la cara. no desde que yo decidí si no desde que la vida (las tripas de la vida, creo yo) se puso delante de nuestra narices. porque así concibo yo la vida, con las cosas pequeñas, cotidianas, insignificantes y con las cosas enormes, esplendidas y extraordinarias... todo me parece un milagro. LA VIDA ME PARECE UN MILAGRO.

Me gusta compartir todo esto contigo, GRACIAS por darme la oportunidad.

que tengas un buen día!!!

Francesc Granja dijo...

la seño de plástica, gracias, gracias y gracias por compartir tu experiencia en este lugar.

la seño de plastica dijo...

A mi me sirvió tanto que mi AMIGA compartiera su experiencia conmigo... Quizá mi experiencia también le pueda servir a alguien, nunca se sabe.

En cualquier caso, a mi me gusta compartirlo contigo.

Feliz noche. Felices sueños.