PRINCIPIOS


Vivimos en una cultura que propugna la dominación, la obediencia, la jerarquía, la homogeneidad, la desconfianza, la competencia, el logro, la eficiencia, la tecnología, el apego a la verdad, la dicotomía, la racionalidad, … Parece que la maldad se combate con la razón y que la razón, en contraposición con la emoción, nos acerca a lo bueno. Como resultado, nuestra cultura descarta o desconfía de las emociones porque éstas nos alejan de la razón y nos acercan a lo arbitrario, que es lo malo. Esa dicotomía bueno-malo, verdad-mentira, correcto-incorrecto, es una imposición cultural que no pertenece a la naturaleza de lo humano.

El ser humano cuando nace es Amor, respeto mutuo, tolerancia, heterogeneidad, desapego a la verdad, emoción, bondad, bienestar, ... El dolor, el sufrimiento no son intrínsecos de esa naturaleza y aparecen generalmente en la etapa adulta cuando el ser humano empieza a interrelacionarse con su entorno cultural. Es en ese momento cuando se produce una negación del Amor. Vivimos en una cultura que habla del Amor pero que no vive en él. Para vivir en el Amor tenemos que atrevernos a ser nosotros mismos y para ello tenemos que atrevernos a dejar de aparentar, atrevernos a ignorar la aprobación ajena, en definitiva, atrevernos a renunciar a vivir una vida que no nos pertenece.

El cambio cultural, por tanto, es posible: basta con cambiar nuestra emoción e instalarnos en el Amor.

¿Cómo instalarse en el Amor? Hablando. Sí. Conversaciones desde mi ‘yo genuino’ para encontrar o elevar tu ‘yo genuino’. Son conversaciones sin ningún objetivo formal. No hay que hacer nada, ni prepararse para nada. Sólo hay que fluir, dejarse llevar por esa magia que aparece cuando dos personas conversan desde su autenticidad. Son conversaciones de Amor, desde el Amor. Es decir, conversaciones donde se acepta al otro como un legítimo otro (Maturana) para que éste  reconozca su existencia como es, sin esfuerzo y como un fenómeno del mero convivir. La única pretensión es que a lo largo de este ‘inter-hablar’ la persona se aparte de la imagen que tiene de sí misma y logre abandonar la negación de su auténtico ser con el fin de que se pueda constituir, emerger y aceptar como un legítimo ser.

La potencia liberadora de una conversación genuina, es decir, una conversación de Amor, radica en que ésta opera desde la experiencia emocional que surge en el conversar. Lo importante, para mí, no es lo que la persona dice, sino lo que la persona siente cuando lo dice. Y la propuesta, la apuesta es a dejar fluir ese sentir, ese ‘sentirse’ para acceder al lado verdadero de uno mismo.

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